El pequeño gato negro



Había una vez un pequeño gato negro. Él siempre pensó que había nacido en el lugar equivocado, rodeado de gente equivocada. Un día se sintió solo, ya que donde el vivía pasaba las tardes junto a una ventana, viendo el viento otoñal arremolinarse en el patio; decidió salir a conocer personas, gente que hiciera desaparecer la soledad que lo acompañaba día a día. Así lo hizo, una fría mañana de cielo completamente celeste comenzó a caminar y caminar, sin saber cual sería su destino. Pasado el medio día llegó a un extraño lugar, gente iba y venia, dando pasos al ritmo de segundos en un reloj, como queriendo escapar del tiempo. Varias personas se acercaron a pequeño gato negro, y él se sintió feliz, pero no dejaba de sentirse extrañamente solo, a pesar de que estaba logrando lo que quería, habiendo gente a su alrededor. Más tarde el Sol comenzaba a caer en el horizonte, la gente comenzaba a alejarse, el pequeño gato comenzó sentir miedo, nunca antes había pasado una noche en la fría oscuridad otoñal, donde las palabras se transforman en pequeñas nubes de vapor saliendo de la boca.
Así los días pasaron uno tras otro; la gente rotaba, cambiando a menudo, y aunque el pequeño gato negro había visto ya a mucha gente ir y venir, no se sentía acompañado, al contrario, cada persona que se iba le traía más soledad. El invierno había llegado lleno de lluvia, el pequeño gato decidió buscar un lugar más seguro para la lluvia. A pocos pasos de allí vio mucha gente agruparse alrededor de una pequeña casita hecha de ladrillos, y él se preguntó: ¿Cómo estando tan cerca no había visto aquel grupo de gente, y más aún, esa pequeña pero llamativa de ladrillos?. Allí se quedó, maullando y observando con curiosidad, ya que esa casita irradiaba un extraño pero acogedor calor humano.
Los días seguían avanzando y las personas dejaron de interesarse por la casita y su intrigante habitante. Las noches eran cada vez mas heladas y cada vez llovía con más frecuencia.
Una noche, cansado de esperar a que aquella puerta dejara ver al extraño habitante, decidió marcharse, dándose por vencido de permanecer allí. En ese instante, aquella pequeña puerta se abrió, el pequeño gato negro comenzó a maullar de curiosidad; se sintió atraído por la pequeña niña que dentro habitaba, parecía esconderse del mundo y vivir su propio mundo dentro de esa pequeña casita de ladrillos, sus ojos mostraban una mixtura entre tristeza y una felicidad guardada en el fondo de su ser. A pesar de eso, el pequeño gato negro entró a la casa.

Ya no estaba solo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El gatito...

u.u

Te amo...
asdasdkasd...no sé que decir...
Gracias por llamarme ayer...

te amo...